Septimo Día

Nos levantamos tranquilos, ya que los de la camioneta de la noche anterior no habían vuelto a aparecer acompañados de alguna autoridad. Desayunamos y Emi reacomodó las alforjas. Y salimos algo apurado por temor a que apareciera alguien y nos agarre in fraganti. Lo que nos faltaba para llegar hasta nuestro próximo destino, no era mucho, estábamos a 25 Km. aprox. de la pingüinera de Caleta Valdés y a un poco mas de Punta Cantor. Si bien el viento lo teníamos de frente, el paisaje y las ganas todo lo podían, al poco andar nos topamos con un par de huellas de Choiques (no vimos ninguno) y entre ellas unas que parecían de un perro muy grande: como perros no vimos, pensamos en un animal que por suerte tampoco vimos (puma o león americano).

Esta formación es tan impresionante que no tenemos palabras para describirla más que INCREIBLE!!! palabra más que usaba en este relato, por eso citamos una descripción que sacamos de http://www.interpatagonia.com/paseos/caleta_valdes/ respecto de este paisaje que nos ayudo a poder sortear este trayecto de subidas y bajadas casi constantes :

“La caleta es una albufera formada por una barra sólida de 30 Km. que se extiende de norte a sur. Esta franja compuesta por canto rodado, tierra y arena encierra una porción de mar conectada a través de una pequeña boca con el océano circundante. Este sector, donde el agua marina circula libremente al ritmo de la pleamar y bajamar (…) es propicio para el desarrollo de una gran población de mamíferos marinos, aves marinas y costeras y algunas especies típicas de la estepa patagónica. La playa, protegida del mar y de los vientos, es el escenario ideal para los elefantes marinos”

Luego de pedalear un buen rato, empezamos a divisar grupos aislados de elefantes marinos y de pingüinos de Magallanes, lo que lentifico aún mas nuestro avance.

Cuando llegamos a la pingüinera, estábamos más que alegres e impresionado de poder tener a estos simpáticos animales a no mas de 1, 50 mts. de distancia y verlos moverse con tanta gracia en la tierra y como volando en el agua (frase más que trillada, pero real). La claridad del agua nos permitía poder verlos nadar a pesar de estar a 50 aprox. de distancia de la costa.

Después de babearnos con los pichones de Magallanes anidando en cuevas sobre la barranca, y verlos pedirles comida a sus padres, emprendimos los 7 Km. que nos faltaban para llegar a Punta Cantor, donde nos esperaban los Elefantes Marinos.

Luego de una extensa subida que nos llevo del nivel del mar a aprox. 80 mts de altura, aromatizada con un matador perfume de cordero al asador, llegamos a la Estancia La Elvira. Recorrimos el sendero que lleva hasta un mirador y luego desciende hasta casi la costa, donde se puede apreciar a los Elefantes Marinos, según Emi, papas gigantes debido a su tamaño y color. El sendero, continúa hasta un punto panorámico desde donde se puede apreciar la entrada de agua a la caleta y la inmensidad de ésta, durante el trayecto, se pueden ver carteles que contienen información sobre las diversas especies que habitan la zona. Datos útiles como por ejemplo, como diferenciar una yarará (venenosa) de una falsa yarará (no venenosa), dato más que importante para nosotros.

El recorrido lo realizamos bajo un sol matador y una temperatura muy alta, por lo que decidimos dale otro golpe al bolsillo y almorzar algo fresco y aguantar un poco a la sombra, porque la temperatura era insoportable. Para esto ya Roberto Funes (se merece un párrafo aparte) nos había dicho que los precios eran altos, pero no nos íbamos a arriesgar a una insolación! Así que entramos… no fue tanto comparado con lo de Punta Norte, $55 entre ensalada de frutas, una ensalada de papas, tomate, cordero, etc., pollo arrollado y 2 cocas de 500 cc. Cerca de las 16 hs. emprendimos la marcha, esta vez con viento a favor. Pudimos mantener un ritmo de más a casi 20 Km/h promedio, el camino era fácil de andar y el no tener que luchar con el viento, nos permitía concentrarnos y disfrutarlo más. Luego de recorrer unos 50 Km. más (casi 70 en total) nos debatíamos entre seguir hasta Pto. Pirámides sin importar la hora de llegada o acampar y llegar al otro día. Como esa parte del camino ya la habíamos transitado el primer día y sabíamos lo que nos esperaba decidimos acampar, porque ya se estaba haciendo tarde y no queríamos andar con poca luz. Mientras Emi armaba la carpa y Ari se preparaba unas lentejas con chorizo, pudimos apreciar un atardecer magnífico. Cada atardecer y amanecer, rodeados de Paz, Tranquilidad, Silencio y Naturaleza le daban sentido a tamaño esfuerzo realizado y al que íbamos a realizar para poder llegar al próximo atardecer.


Mas Fotos:

3º día en la península

1 comentario:

Anónimo dijo...

hola! realmente hermoso este espacio que han creado y unas fotos maravillosas je. debe de haber sido una aventura increible!!!! y esto lo he aprendido en el transcurso de mi vida:"en la vida hay que aventurarse" no importa si es solo ir al trabajo por otro camino diferente a lo habitual o bañarse en pleno invierno con agua fria jejeje de eso se trata la vida aventurarse y esta manera adentrarse cada ves mas en este maravilloso camino que es la vida y que es hermosa!!!!! siempre y cuando nos enganchemos con las oportunidades y belezas que esta nos ofrece. besos y exitos, en sus proximas aventuras. flor