Una travesía en bicicleta por la Península de Valdés


¿Alguna vez has considerado visitar la Patagonia? ¿Cómo te trasladarías? ¿Qué lugares visitarías? Nosotros lo pensamos y esta es nuestra historia ...

Esta pequeña isla en el océno virtual se propone compartir con todos los que quieran ser parte, la experiencia de planificar y llevar a cabo unas vacaciones en bicicleta por la Patagonia.

En nuestro caso, sabíamos que lo más importante era el medio de transporte, las bicicletas. Con esta decisión descubrimos que esta actividad, el cicloturismo, supone un esfuerzo mental y físico particular puesto que lleva mucho de planificación y bastante "garra", "cojones" o como sea que se diga en tu país. Pero tiene la enorme ventaja de permitirnos disfrutar del paisaje, la flora y la fauna de la región, y de un mayor contacto con la gente del lugar; también te da la posibilidad de conocer otros "locos lindos" que hacen un viaje parecido.

Y aunque todo el mundo asocia las palabras "Patagonia" y "bicicleta" con Siete Lagos (cerca de la cordillera de Los Andes) nosotros elegimos un destino bastante distinto en la costa oeste de esta región: Península de Valdes.

El viaje constó de dos tramos, el primero uniendo en bicicleta Puerto Madryn y Puerto Pirámides, única localidad en la Península de Valdés; y el segundo, recorriendo la Península desde Puerto Pirámides hasta Punta Norte, Caleta Valdés, Punta Cantor, y de vuelta a P. Pirámides.

Lo realizamos en Enero de 2008, aunque para ello tuvimos que hacer muchas salidas de práctica en los alrededores de nuestra ciudad de residencia, Mar del Plata. La preparación total del viaje, entre compra de equipo, logística y entrenamiento nos llevó siete meses.
El equipo

Una de las cosas que más tiempo nos llevó fue determinar qué llevábamos y qué dejábamos afuera. Por supuesto, había varios criterios para considerar:
  • Precio: porque el presupuesto siempre es limitado.
  • Utilidad: no queríamos dejar lo imprescindible afuera, y tampoco queríamos cargarnos con cosas que no fueran realmente necesarias.
  • Peso, volumen y forma: debido a que todo el equipo debía ser cargado en las bicicletas y acomodado en las alforjas
  • Probabilidad de uso: los repuestos y algunos elementos se llevan por las dudas. Había algunos accidentes o inconvenientes que eran más probables que otros; por ejemplo, es más problable pinchar una rueda que romper el descarrilador, es más probable tener un dolor muscular que una fractura expuesta). Además, había que considerar la cantidad: cuántas cámaras llevar, cuántos parches, etc.


Bicicletas

Compramos dos Vairo 3800, con equipamiento Shimano Altus de 21 velocidades. La gris grafito, utilizada por Ariana, se llama Atardecida, y tiene un cuadro Nro. 17. Emilio nunca bautizó a la suya, que es de color rojo, con cuadro Nro. 19. Ambas tienen gráficas en blanco.

Los repuestos y accesorios que llevamos fueron:
  • Portaequipajes delantero y trasero, de hierro. Este material es más pesado que el aluminio, pero más resistente al peso y más fácil de soldar en caso de ser necesario.
  • Caramañolas (750 cc.) y portacaramañolas de aluminio
  • Cubiertas traseras Hutchinson Rock X-Country II
  • Dos cámaras de repuesto
  • Inflador Ventus
  • Equipo de emparchado: parches, pegamento y un pedacito de lija
  • Kit de herramientas para las bicis (ver foto)
  • Lubricante líquido
  • Computadora Match II con odómetro, cuentakilómetros, velocímetro, etc.
  • Dos pares de alforjas Halawa Exodo II, con 56 litros de capacidad por par
  • Bolsos delanteros: se cuelgan del manubrio, y pueden removerse y utilizarse como bolsos de mano.
  • Luces delanteras blancas de 7 leds, luces rojas traseras
  • Pedales con punteras
Vestimenta
  • Calzas con badana y tiras reflectivas
  • Guantes para ciclismo. Emilio usó unos marca Trek y Ariana unos marca Vairo
  • Gorras Vairo con dry-fit
  • Cascos Prowell
  • Dos remeras de dry-fit
  • Dos remeras de algodón y una camiseta
  • Ariana usó además dos tops deportivos (para que no haya partes bamboleantes mientras pedaleaba)
  • Una campera de tela polar y un rompevientos
  • Pantalones desmontables
  • Malla
  • Lentes para el sol
  • Cuatro pares de medias cortas (zoquetes) y un par de medias largas
  • Ropa interior cómoda, y de algodón (nada de fibras sintéticas para esas partes delicadas!)



Primer Día:


Llegamos!!!! Puerto Madryn nos recibió con calor y las bicis en orden y una terminal limpia y con gente amable, Ahí nomás, mientras Emi armaba las bicis, Ari acomodaba o mejor dicho tiraba las cosas dentro de las alforjas. En el medio, se escuchó un "la pu... madre" proveniente de la especial relación de Emilio con los cuters y sus dedos. Por suerte solo fue un nudillo de la mano izquierda. Estrenamos el botiquín...

Después de cargar todo en las bicis y hablar con otros "locos" alguno de Brasil y otro del norte el país que andaban de mochilero, partimos rumbo al camping del Sindicato de Luz y Fuerza que no estaba en el lugar que la gente de la oficina de turismo nos había dicho, por suerte siempre hay un "paisano" del lugar que conoce la zona mejor que nadie y tiene la amabilidad de ubicar a los perdidos. CHA GRACIAS, GAUCHO!!!

Finalmente, dimos con el camping, la verdad es que era lindo, limpio, tranquilo. La gente de 10. Después de registrarnos y armar la carpa nos fuimos a pasear en las bicis (of course) por la ciudad. Tiene una costanera muy bonita y es más grande de lo que pensábamos. Al igual que Mar del Plata, es mas grande de lo que parece y no todo es turísticamente atractivo, (también tiene fabricas, mugre, miseria)

Pasamos por La Casa Pujol donde funciona un museo. La muestra que vimos se llama "El hombre y el mar" Había un popurrí de cosa; bichos embalsamados, esqueletos, muestras de artesanías locales, etc. Como era martes, la entrada era gratuita, y encima nos atendió una mujer muy agradable que nos dejó guardar las Bicis en un sótano del museo.

A la salida, pasamos por el súper a comprar la cena. Esta consistió en unas costillitas de cordero (sale lo mismo que la vaca) a la parrilla y ensaladita de tomate y lechuga con duraznos de postre y coca, (nada de alcohol) porque estábamos cansados y al otro día amaneceríamos temprano!!!!


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Primer día en Madryn


Segundo Día

Este fue un día con emociones, Nos levantamos 7 AM y nos fuimos a la Terminal (un poco caminando y un poco en cole). Nos tomamos el micro hasta Trelew (pueblo de Luís en galés), porque queríamos ir al Museo Paleontológico, pero esta lleno de turistas y las visitas guiadas eran en inglés, y el costo de la entrada era de $20.- motivos por los cuales nos fuimos (en todo caso volvíamos mas tarde). Decidimos ir hasta una capilla galesa (la primera de Trelew) que se llama Tabernacl.

La señora que recibe a los turistas se llama Raquel y tiene 81 pirulos y con todo la onda, simpática, charlatana y muy atenta. Emi se emocionó con la visita y con el relato de Raquel (Ratchel, en galés), Nos contó como no se quieren con los ingleses y otras aventuras... nos leyó un par de líneas en galés (genial!!!). Después nos despedimos un abrazo y volvimos a la Terminal para tomar el colectivo a Gaiman. Luego 40 minutos (fuimos por el camino que va por el valle) llegamos.... dimos un par de vueltas, visitando lugares históricos y después nos dirigimos al Parque Paleontológico Bryn Gwyn (cerro blanco en galés), que queda a 8 km. de Gaiman. ESTÁ BUENÍSIMO!!!!!!!

Cada paso, que das, cada vuelta, cada metro de subís, el paisaje te ve sorprendiendo. Vimos fósiles de 40 millones de años, y subimos hasta los 125 metros de altura, donde nos recibió una "brisita patagónica" que nos volaba. Es increíble ver como se adaptan las plantas e insectos a este clima, son fabulosos.

De regreso a Gaiman, nos fuimos a tomar el té, con mucha hambre, dado que nos salteamos el almuerzo. Fuimos a Ty Gwyn, o Casa Blanca en galés, donde nos había recomendado Ratchel. El té y los tortas estaban buenísimos, pero lo que se llevó los laureles, fueron las rodajas de pan y la manteca casera (TERRIBLE!!!!!). Nos tuvimos que aguantar porque el día siguiente arrancábamos la travesía en bicicleta (teníamos que pedalear hasta Puerto Pirámides.).

Con la pancita llena, nos fuimos al Museo Regional de los Colonos Galeses. Lo sorprendente del museo, no era en sí los objetos que se ven, sino que uno valora todo lo que tiene al ver la vida tan rustica y dura que llevaba la gente que los usaban. A eso de las 7 PM emprendimos el regreso que implicaba un cole hasta Rawson, luego a Puerto Madryn y otro hasta el camping...Cuando llegamos el viento era fuerte y frío y entre una cosa y otra terminamos acostándonos cerca de la medianoche...


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Una visita a los galeses

Tercer Día


El dia de la gran pedaleada.

Salimos con poco descanso (apenas 6 horas) mucho peso y viento en contra la mayor parte del trayecto. Salimos de Pto. Madryn por lo Ruta Prov. Nº1 (la que pasa por ALUAR) que es estrecha y con un transito pesado intenso, si a eso le sumamos que a Emilio se le salieron las alforjas en 2 ocasiones, y los camiones nos pasaban cerquita, y que flor de camiones!!!! El llegar a la Ruta Provincial 42 fue una odisea por si misma. Este trayecto “tan solo nos tomó 2 horas”. Por suerte, al agarrar la Ruta Prov. 42 (que va por El Doradillo) el viento quedó as nuestras espaldas, una buena!!!. Al principio la ruta parecía linda: camino de ripio bastante firme, pero cuando nos acercamos a la costa empezó a tener algo mas de arena. También tenía muchas subidas y bajadas, en una de estas, Ari se entusiasmó, la bici se trabó en un pozo de arena muy fina y no pudo controlar la bici debido a la velocidad y el peso, lo termino con un lindo terreno para ella (jajaja). Por suerte no fue más que un susto y en ese momento nos dimos cuenta que importante había sido la compra del casco. El camino era exigente y el clima no era el deseado, pero los paisajes y el ir descubriendo detrás de cada subida una vista nueva del Golfo Nuevo, era una inyección de ganas y fuerzas, le daba sentido a todo el esfuerzo que veníamos haciendo y nos quedaba por hacer.



A eso de las 17 hs. llegamos a al empalme de la Ruta Prov. Nº42 con la Ruta Prov. Nº2. momento de pura emoción, estábamos sobre pavimento, algo maltrecho, pero pavimento al fin. Lo que nos permitiría pedalear algo mas rápido y seguro (salvo por los autos, colectivos y locos en camioneta). Por esta ruta el paisaje se tornaba mas monótono, al llegar al El Desempeño, entrada a la Península, averiguamos bien las distancias y estábamos a 48 Km, de Pto. Pirámides y a 20 km del Centro de Interpretación del Istmo Ameghino.

Cuando llegamos al Istmo ya no nos daban las piernas, y el espíritu, flaqueante, estaba por ser derrotado por el viento. Para colmo el personal del Centro de Interpretación nos tiró mala onda con el tema de la bicicleta, diciéndonos que estaba prohibida la entrada a la Península en bici. Pero ¡qué importaba! En el Centro había agua, baños y bebidas calientes.

Luego del chocolate caliente, retomamos la ruta rumbo a Puerto Pirámides. El camino subía y subía; después de cada loma, había otra más. Finalmente, pasadas las 9 PM entramos en Pirámides con una bajada espectacular en bici, puesto que en menos de 1000 metros la ruta baja de la altura de la meseta al nivel del mar. En sólo dos horas armamos campamento, nos bañamos y fuimos a festejar por los más de 100 km. recorridos en un día. La cena fue en el Bar de los Cetáceos: rabas, vieras gratinadas y una cervecita. No sabemos si era el cansancio, la alegría de haber llegado, o efectivamente la Quilmes de 750 cc. que nos sirvieron tenía mejor sabor que la de Mar del Plata.






Nos fuimos a la cama con las panza llenas, cansados, orgullosos y felices.



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El camino a Pto. Piramides


Cuarto Día


Día de descanso en Puerto Pirámides

A las bicis ese día no las tocábamos ni con un palo. Nos levantamos tarde, tomamos mate mientras caminábamos por la playa (y de paso nos ahorrábamos el almuerzo). Pasamos por la Secretaría de Turismo del municipio y nuevamente nos dijeron que no podíamos transitar la Península en bicicleta. El principal motivo es que no hay lugares donde acampar. Nosotros sabíamos que había estancias privadas en la Península, y preguntamos por alguna forma de contactarlos para pasar la noche allá. Bueno, resumiendo, las respuestas fueron: que no tenían contacto; que cualquier cosa nos contactáramos con la cámara de estancieros de la Península; que las estancias que hacían turismo y que tenían hoteles te arrancaban la cabeza con los precios; que se podían contratar tours para recorrerla en auto, pero las tarifas arrancaban en los $300; y que aunque era cierto que nuestras bicis y nuestro estilo de campamento era mucho más amigable con el medio ambiente que todos los autos que diariamente ingresan a la península, igual no podíamos ingresar.

Nuestra indignación era grande, más que nada porque sabíamos que el lugar se promociona como “Patrimonio Natural de la Humanidad”, aunque es más correcto llamarlo “Patrimonio de los estancieros y los operadores turísticos”.

Un poco consternados fuimos a pasear por la playa. Por suerte el paseo sirvió para despejarnos la cabeza. Vimos muchos cangrejos y mojarritas en los piletones que se forman cuando baja la marea, y un espectáculo de pesca de las gaviotas, sambulliéndose en el mar a la velocidad de un avión para emerger con un pescadito en el pico.

Teníamos que decidir qué hacer. Sabíamos que los estancieros ni siquiera viven ahí, y que si encontrábamos estancias podíamos preguntarle a los peones para pasar la noche ahí, pero estaba el riesgo de que nos pararan a la salida de Pirámides…Finalmente decidimos volver al pueblo y pasar por la Comisaría, en la esperanza de que la policía tuviera más información sobre las estancias.

Consultamos con un oficial, del cual no daremos datos para no comprometerlo, que finalmente nos aclaró el panorama: era preferible meterse en un campo, porque a lo sumo si llamaban a alguien era a ellos, y no había demasiado problema. Así que con la bendición de la policía chubutense, preparamos todo para una comenzar una travesía anarquista al día siguiente.

Cerca de las 18 empezamos a cargar y ordenar alforjas, cargar agua potable y cocinar arroz para el día siguiente. A la medianoche estábamos en la cama, expectantes, ansiosos, exultantes.


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1º Dia en Piramides

Quinto Día


El día amaneció frío y ventoso. Nos demoramos en salir, en parte por la cantidad de cosas que restaba hacer, y en parte por la desconfianza hacia el clima. Finalmente partimos. El arranque fue duro, un preludio de lo que se avecinaba. La bajada a Pirámides, tan placentera dos días atrás, fue una completa tortura para salir, al punto de bajarnos de las bicis y subir caminado.

Cuando estábamos por entrar al ripio, nos cruzamos con Don y Gabriela: él gringo, ella mexicana. Iban en moto y se veían un poco frustrados porque no podían manejar la moto por el ripio. Les contamos nuestros planes y les dimos algunos datos sobre qué hacer. Nos despedimos y entramos al vía crucis de ripio. Ya eran como las 11 AM. Había dejado de soplar el viento y la temperatura era muy alta. A las 12 menos cuarto encontramos nuestro primer tanque australiano, junto a la entrada de una estancia, del cual tratamos de hurtar agua fresca… ¡con total éxito! Usamos el agua para refrescarnos, no se podía tomar porque era salada, pero su temperatura era muy baja por lo que sirvió para enfriarnos. Retomamos la ruta y a los 15 minutos dimos con otro tanque, sin vigilancia, y ahí nos tiramos más agua todavía.

A eso de las 2 PM paramos a comer debajo de un arbusto que estaba ocupado por ovejas… las cuales fueron desalojadas. Nos tuvimos que tapar con el aislante para que no se nos calcinara el cerebro. Ahí almorzamos arroz con atún, que cocinamos la noche anterior (para no gastar gas de la chanchita y evitar mas calor) y resultó ser un montón, lo que sobró, que seguía siendo mucho, decidimos guardarlo para mas tarde. Lo que no fue una buena idea. Mas tarde estaba HORRIBLE…

Aunque veíamos un paisaje hermoso, el camino era cada vez peor, ripio, arena y mucho serrucho, que era lo que, mas dificultaba el pedaleo, y además, como condimento, el viento norte, de frente y muy caliente. Seguimos buscando una Estancia por temor a acampar en terreno privado, pero a las 8:15 PM el temor fue superado por el cansancio y el desgano que esto produce en el espíritu. A poco de armar el campamento descubrimos que nuestro espíritu seguía vivo y con muchas ganas de completar la travesía, lo que necesitaba era un poco de descanso, apreciar el hermoso paisaje que nos rodeaba, tremendo atardecer y poder afrontar el temor de la primera noche en la Península.

Elongamos un buen rato y luego el arroz que nos había quedado sin mezclar, fue servido con queso rallado y mayonesa. Nos hidratamos, nos limpiamos un poco (con toallitas para culitos de bebe), y dimos por terminado nuestro primer día de Travesía por Valdés.


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1º dia en la peninsula

Sexto día

Amanecimos con el espíritu nuevo, el cuerpo hecho una pinturita (no dolía nada) y con ganas de continuar.

El camino siguió siendo duro pero sabíamos que la meta estaba cerca. Al mediodía después de atravesar más serruchos, de ver más guanacos, que siempre eran una emoción y llenarnos los ojos de ese espectacular paisaje, llegamos a Punta Norte, habíamos llegado. Primer objetivo… Cumplido!!!!

Lo primero que hicimos fue estacionar las bicis y dejar los cascos… sacarnos todo lo que nos relacionara con las bicis. Haciéndonos los distraídos nos fuimos a ver el lugar, INCREÍBLE!!!!

En esta época del año hay lobos y crías. Las gaviotas se comen la placenta y hacen un poco de partera, ayudando a que la cría salga de la bolsa. Luego de mirar un rato el paisaje y las actividades “lobisticas” fuimos en buscar de los baños, donde descubrimos un dispense de oro… AGUA POTABLE!!!!!

Hicimos uso amplio de las instalaciones sanitarias y luego de eso decidimos pasar un rato en la confitería. La gaseosa que nos sentamos a tomar, se termino convirtiendo en un almuerzo, donde nos cobraron por 2 cocas y 2 hamburguesas $44.- Un dineral !!!! Por suerte nos resarcimos cargando oro, digo, agua potable de los baños.

Además de lobos marinos, en el observatorio también hay peludos y tordos patagónicos, ambos de los mas caraduras, los peludos parecen perritos y los tordos andan como si nosotros no existiéramos, por poco te sacan las migas de las manos, está muy bueno, esas son las cosas que tiene este maravilloso lugar, vos estás en el ambiente de ellos, somos “turistas” en sus tierras…

A eso de las 15:30 partimos hacia Caleta Valdés. El camino también era difícil, arena y canto rodado (formación tehuelche) lo que hacía que las bicis se movieran bastante, además estaba lleno de subiditas y bajaditas… A las pocas horas, avistamos la parte norte de la Caleta. Proseguimos un poco más y a las 7 PM pusimos fin a la pedaleada del día y armamos campamento sobre un camino rural con vista a la caleta. Nos recompensamos con unos merecidos mates gracias al agua potable de Punta Norte. Esto fue un lujo, porque en un lugar donde el agua potable es más que escasa, nosotros la usamos para preparar una infusión que no saca la sed y además es diurética.

Improvisamos unas instalaciones sanitarias de las que hicimos un uso lo mas ecológico posible, no dejamos un solo papel o material no degradable en todo el recorrido. Sí… también nos llevamos el papel higiénico usado…

Ari se preparó unos lentejones con chorizo (otra que Francis Malmann). Emi tapó las bicicletas con un nylon porque el cielo estaba más que amenazante y no queríamos desarmar todo.

Nos fuimos a dormir temprano, aunque un poco preocupados porque justo ese día pasó una camioneta por el camino primero rumbo a Madryn y mas tarde rumbo a la estancia. Esta ves paró y escuchamos un “dale, vamos” que nos dejó un poco mas tranquilos.


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2º Dia en la Peninsula
Septimo Día

Nos levantamos tranquilos, ya que los de la camioneta de la noche anterior no habían vuelto a aparecer acompañados de alguna autoridad. Desayunamos y Emi reacomodó las alforjas. Y salimos algo apurado por temor a que apareciera alguien y nos agarre in fraganti. Lo que nos faltaba para llegar hasta nuestro próximo destino, no era mucho, estábamos a 25 Km. aprox. de la pingüinera de Caleta Valdés y a un poco mas de Punta Cantor. Si bien el viento lo teníamos de frente, el paisaje y las ganas todo lo podían, al poco andar nos topamos con un par de huellas de Choiques (no vimos ninguno) y entre ellas unas que parecían de un perro muy grande: como perros no vimos, pensamos en un animal que por suerte tampoco vimos (puma o león americano).

Esta formación es tan impresionante que no tenemos palabras para describirla más que INCREIBLE!!! palabra más que usaba en este relato, por eso citamos una descripción que sacamos de http://www.interpatagonia.com/paseos/caleta_valdes/ respecto de este paisaje que nos ayudo a poder sortear este trayecto de subidas y bajadas casi constantes :

“La caleta es una albufera formada por una barra sólida de 30 Km. que se extiende de norte a sur. Esta franja compuesta por canto rodado, tierra y arena encierra una porción de mar conectada a través de una pequeña boca con el océano circundante. Este sector, donde el agua marina circula libremente al ritmo de la pleamar y bajamar (…) es propicio para el desarrollo de una gran población de mamíferos marinos, aves marinas y costeras y algunas especies típicas de la estepa patagónica. La playa, protegida del mar y de los vientos, es el escenario ideal para los elefantes marinos”

Luego de pedalear un buen rato, empezamos a divisar grupos aislados de elefantes marinos y de pingüinos de Magallanes, lo que lentifico aún mas nuestro avance.

Cuando llegamos a la pingüinera, estábamos más que alegres e impresionado de poder tener a estos simpáticos animales a no mas de 1, 50 mts. de distancia y verlos moverse con tanta gracia en la tierra y como volando en el agua (frase más que trillada, pero real). La claridad del agua nos permitía poder verlos nadar a pesar de estar a 50 aprox. de distancia de la costa.

Después de babearnos con los pichones de Magallanes anidando en cuevas sobre la barranca, y verlos pedirles comida a sus padres, emprendimos los 7 Km. que nos faltaban para llegar a Punta Cantor, donde nos esperaban los Elefantes Marinos.

Luego de una extensa subida que nos llevo del nivel del mar a aprox. 80 mts de altura, aromatizada con un matador perfume de cordero al asador, llegamos a la Estancia La Elvira. Recorrimos el sendero que lleva hasta un mirador y luego desciende hasta casi la costa, donde se puede apreciar a los Elefantes Marinos, según Emi, papas gigantes debido a su tamaño y color. El sendero, continúa hasta un punto panorámico desde donde se puede apreciar la entrada de agua a la caleta y la inmensidad de ésta, durante el trayecto, se pueden ver carteles que contienen información sobre las diversas especies que habitan la zona. Datos útiles como por ejemplo, como diferenciar una yarará (venenosa) de una falsa yarará (no venenosa), dato más que importante para nosotros.

El recorrido lo realizamos bajo un sol matador y una temperatura muy alta, por lo que decidimos dale otro golpe al bolsillo y almorzar algo fresco y aguantar un poco a la sombra, porque la temperatura era insoportable. Para esto ya Roberto Funes (se merece un párrafo aparte) nos había dicho que los precios eran altos, pero no nos íbamos a arriesgar a una insolación! Así que entramos… no fue tanto comparado con lo de Punta Norte, $55 entre ensalada de frutas, una ensalada de papas, tomate, cordero, etc., pollo arrollado y 2 cocas de 500 cc. Cerca de las 16 hs. emprendimos la marcha, esta vez con viento a favor. Pudimos mantener un ritmo de más a casi 20 Km/h promedio, el camino era fácil de andar y el no tener que luchar con el viento, nos permitía concentrarnos y disfrutarlo más. Luego de recorrer unos 50 Km. más (casi 70 en total) nos debatíamos entre seguir hasta Pto. Pirámides sin importar la hora de llegada o acampar y llegar al otro día. Como esa parte del camino ya la habíamos transitado el primer día y sabíamos lo que nos esperaba decidimos acampar, porque ya se estaba haciendo tarde y no queríamos andar con poca luz. Mientras Emi armaba la carpa y Ari se preparaba unas lentejas con chorizo, pudimos apreciar un atardecer magnífico. Cada atardecer y amanecer, rodeados de Paz, Tranquilidad, Silencio y Naturaleza le daban sentido a tamaño esfuerzo realizado y al que íbamos a realizar para poder llegar al próximo atardecer.


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3º día en la península

Roberto Funes, ese amigazo


Hacemos un paréntesis para hablar de una persona especial. Sólo tuvimos el agrado de conocerlo por unas horas, pero sus acciones nos hablan de un ser humano de calidad.
Lo vimos ni bien llegamos a la Estancia La Elvira. Mientras estacionábamos las bicis notamos que en el edificio de la parrilla se armaba un lío bárbaro y varias personas nos miraban asombradas por la ventana. A los pocos minutos sale un paisano por la puerta de atrás de la parrilla, vestido con lo que parecía el uniforme del lugar. Nos recibió con una sonrisa y lleno de entusiasmo. Se acercó a nosotros sin presentarse todavía, y nos contó que también tenía una bici y le encantaba usarla por esos caminos. Y que vivía en Ramos Mejía (Gran Buenos Aires), donde trabajaba de encargado de un depósito y ganaba buena plata. Que había dejado ese trabajo por uno de menor plata en la estancia, pero que le permitía salir todas las tardes a andar en bici sin sentir que le iban a robar todo a la vuelta de la esquina. Que en la estancia trabajaba nueve meses sí y tres no, pero que le daban casa todo el año y que su novia era una de las guardafaunas del lugar.
Luego de esa emocionante charla, nos fuimos a realizar el recorrido por el sendero que baja hasta la playa desde donde se pueden ver los elefantes marinos y la boca de la caleta. Una vez terminado el recorrido, decidimos picotear algo en el restarurant, por lo que fuimos a buscar la plata. No hicimos mas que acercarnos a las bicis que Roberto salió corriendo de la parrilla para ofrecernos agua, le contamos que ibamos a salir despues de comer algo, mientras esperábamos que pasara el peor horario de la tarde (hacían unos 36º, soplaba viento cálido y eran las 13 Hs). Después de un almuerzo livianito, ensalada de fruta, ropa vieja, y cosas frescas, decidimos partir para aprovechar el viento a favor. Nuevamente, apenas nos acercamos a las bicis, Roberto salió disparado desde la parrilla hacia su casa. Cuando salió de la casa, llevaba en sus manos unas botellas de agua FRÍA y una bolsa con HIELO y otra con almendras, para los calambres nos dijo. Nuestra segunda visión de Roberto Funes nos llenó de alegría. Para ilustrar lo que sentimos en ese momento, vamos a recordar dónde estábamos: Caleta Valdes, a 80 kilómetros de Pirámides y a 180 kilómetros de Puerto Madryn. No hay tendido eléctrico en la Península: la heladera que enfrió ese agua anda con un grupo electrógeno. No hay agua potable en la Península: se trae todo en camiones cisterna desde Puerto Madryn. Y hacía 3 días que no probabamos agua fresca, el agua que llevabamos nosotros siempre estaba a temperatura ambiente (calentita!!!).
Luego de un fuerte abrazo, el intercambio de buenos deseos y una foto junto a este paisano de gran corazón, partimos para seguir nuetro recorrido y aprovechar el resto del día...
Octavo Día: Rescatados

Amanecimos y el día estaba tranquilo. Salimos pedaleando temprano, calculando que para el mediodía estaríamos en Pirámides. ¡Cómo nos equivocamos!
A eso de las 9:30 paramos en el segundo tanque australiano que habíamos encontrado en nuestro primer día de pedaleo por la Península. Junto al tanque había un molino, que al poco rato de nuestro segundo desayuno giró violentamente hacia el sudeste. Hacia las 10 de la mañana, cuando decidimos retomar la pedaleada, nos encontramos con un feroz viento sur o sureste que nos detenía.
El camino, como ya lo aclaramos, consistía prácticamente de arena, piedras y serruchos. Esto, sumado al viento en contra (el cual estimamos estaría arriba de los 60 kilómetros por hora) hizo que nuestra velocidad promedio bajara de los 15 a 9 km por hora. Lamentablemente, esos 9km por hora eran engañosos, porque para alcanzarlos teníamos que hacer mucho más esfuerzo que el que veníamos haciendo ese día. Eso hizo que al poco rato, cuando la combinación del viento y el camino se hizo aún más desfavorable, nuestros espíritus flaquearan y nuestro cuerpos sucumbieran al cansansio.
A eso de las 11 y monedas paramos en una depresión al costado del camino, donde estábamos resguardados por una pequeña lomada de arena. La temperatura en esa depresión era realmente más alta, lo que nos daba el parámetro de lo fuerte y fresco que era el viento. Además hacía más insoportable nuestro espera porque pasábamos del fresco a un calor terrible. A eso de las 12 Ariana insistió para que saliéramos. ¡¡¡No quería pasar su cumpleaños al costado del camino!!!
A pesar de la voluntad de ambos, el viento, el camino, eran implacables. A la media hora de salir de nuestro refugio estábamos agotados. Ariana le puso garra, pero la fuerza necesaria para pedalear en esas condiciones la superó.
Finalmente ambos bajamos de las bicicletas. El viento nos había vencido como ciclistas, pero aún teníamos la intención de continuar caminando por un rato. A lo lejos, se veía el casco de la Estancia Loreto, la cual sabíamos estaba a sólo 13 kilómetros de Pirámides, y a 7 del camino de asfalto. Más importante aún, el camino de asfalto dobla hacia el este, por lo que el viento ya no estaría de frente.
Pero el viento se puso aún peor. Tardamos una hora en llegar caminando a la estancia. Fue una hora de intentos fallidos por subirnos a las bicis, de continuar pedaleando, de tratar de aprovechar el descenso del terreno para avanzar. No pudimos: cuesta abajo teníamos que pararnos en los pedales para poder avanzar. Íbamos tan despacio que nos caíamos, no podíamos mantener el equilibrio.
Cerca de la una y media arribamos al camino que llevaba al casco de la estancia. Ariana no podía más, tuvimos que tomar la durísima decisión de pedir ayuda para llegar a Pirámides. ¡Y estábamos tan cerca! Pero la rodilla derecha de Ariana se había inflamado, y le dolía, por lo que seguir implicaba un desgarro seguro.
El peón de la estancia era un hombre mayor, cerca de los 60 años, y estaba solo. El auto no le andaba, la camioneta se la había llevado el patrón a otro campol, y el Jeep tenía la caja de cambio rota... El día comenzaba a parer un martes 13. Nos dejó que nos quedáramos entre unos tamariscos para comer algo a salvo del viento, y a eso de las 14 nos dirigimos a la ruta a empezar a hacer dedo.
Pedir que te lleven cuando tenés dos bicicletas cargadas de equipaje no es fácil. Mucha gente paró a preguntar si podía hacer algo más por nosotros (dado que los autos no podían carganos) y varios se ofrecieron a llevar a la parte femenina del dúo ciclista hasta el pueblo. Pero el dolor no era tan fuerte como para requerir atención médica inmediata. Así que esperamos. Una camioneta de una agencia de turismo nos dijo que iba a pedir ayuda en el pueblo. Y eso fue lo que nos salvó el día.
A las 15:15, una camioneta de los bomberos voluntarios de Pirámides llegó hasta el guardaganados donde estábamos haciendo dedo y freno. Y dio la vuelta. Y abrió la caja de la camioneta y empezó a cargar nuestro equipaje. Y fue en ese momento, cuando vimos a ese bombero que nos dimos cuenta que en un rato estaríamos de vuelta en el camping.
A los 20 minutos estábamos descargando las cosas. No tuvimos que pagar nada, tan sólo hacer una denuncia en el cuartel de los bomberos y firmar un acta en el cual figuraba el rescate. Pudimos tomar mate, armar la carpa e irnos a cenar al Bar de los Cetáceos. El día terminó con un festejo de cumpleaños, tal como lo habíamos planificado. Dormimos felices una vez más.