Cuarto Día


Día de descanso en Puerto Pirámides

A las bicis ese día no las tocábamos ni con un palo. Nos levantamos tarde, tomamos mate mientras caminábamos por la playa (y de paso nos ahorrábamos el almuerzo). Pasamos por la Secretaría de Turismo del municipio y nuevamente nos dijeron que no podíamos transitar la Península en bicicleta. El principal motivo es que no hay lugares donde acampar. Nosotros sabíamos que había estancias privadas en la Península, y preguntamos por alguna forma de contactarlos para pasar la noche allá. Bueno, resumiendo, las respuestas fueron: que no tenían contacto; que cualquier cosa nos contactáramos con la cámara de estancieros de la Península; que las estancias que hacían turismo y que tenían hoteles te arrancaban la cabeza con los precios; que se podían contratar tours para recorrerla en auto, pero las tarifas arrancaban en los $300; y que aunque era cierto que nuestras bicis y nuestro estilo de campamento era mucho más amigable con el medio ambiente que todos los autos que diariamente ingresan a la península, igual no podíamos ingresar.

Nuestra indignación era grande, más que nada porque sabíamos que el lugar se promociona como “Patrimonio Natural de la Humanidad”, aunque es más correcto llamarlo “Patrimonio de los estancieros y los operadores turísticos”.

Un poco consternados fuimos a pasear por la playa. Por suerte el paseo sirvió para despejarnos la cabeza. Vimos muchos cangrejos y mojarritas en los piletones que se forman cuando baja la marea, y un espectáculo de pesca de las gaviotas, sambulliéndose en el mar a la velocidad de un avión para emerger con un pescadito en el pico.

Teníamos que decidir qué hacer. Sabíamos que los estancieros ni siquiera viven ahí, y que si encontrábamos estancias podíamos preguntarle a los peones para pasar la noche ahí, pero estaba el riesgo de que nos pararan a la salida de Pirámides…Finalmente decidimos volver al pueblo y pasar por la Comisaría, en la esperanza de que la policía tuviera más información sobre las estancias.

Consultamos con un oficial, del cual no daremos datos para no comprometerlo, que finalmente nos aclaró el panorama: era preferible meterse en un campo, porque a lo sumo si llamaban a alguien era a ellos, y no había demasiado problema. Así que con la bendición de la policía chubutense, preparamos todo para una comenzar una travesía anarquista al día siguiente.

Cerca de las 18 empezamos a cargar y ordenar alforjas, cargar agua potable y cocinar arroz para el día siguiente. A la medianoche estábamos en la cama, expectantes, ansiosos, exultantes.


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1º Dia en Piramides

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