Quinto Día


El día amaneció frío y ventoso. Nos demoramos en salir, en parte por la cantidad de cosas que restaba hacer, y en parte por la desconfianza hacia el clima. Finalmente partimos. El arranque fue duro, un preludio de lo que se avecinaba. La bajada a Pirámides, tan placentera dos días atrás, fue una completa tortura para salir, al punto de bajarnos de las bicis y subir caminado.

Cuando estábamos por entrar al ripio, nos cruzamos con Don y Gabriela: él gringo, ella mexicana. Iban en moto y se veían un poco frustrados porque no podían manejar la moto por el ripio. Les contamos nuestros planes y les dimos algunos datos sobre qué hacer. Nos despedimos y entramos al vía crucis de ripio. Ya eran como las 11 AM. Había dejado de soplar el viento y la temperatura era muy alta. A las 12 menos cuarto encontramos nuestro primer tanque australiano, junto a la entrada de una estancia, del cual tratamos de hurtar agua fresca… ¡con total éxito! Usamos el agua para refrescarnos, no se podía tomar porque era salada, pero su temperatura era muy baja por lo que sirvió para enfriarnos. Retomamos la ruta y a los 15 minutos dimos con otro tanque, sin vigilancia, y ahí nos tiramos más agua todavía.

A eso de las 2 PM paramos a comer debajo de un arbusto que estaba ocupado por ovejas… las cuales fueron desalojadas. Nos tuvimos que tapar con el aislante para que no se nos calcinara el cerebro. Ahí almorzamos arroz con atún, que cocinamos la noche anterior (para no gastar gas de la chanchita y evitar mas calor) y resultó ser un montón, lo que sobró, que seguía siendo mucho, decidimos guardarlo para mas tarde. Lo que no fue una buena idea. Mas tarde estaba HORRIBLE…

Aunque veíamos un paisaje hermoso, el camino era cada vez peor, ripio, arena y mucho serrucho, que era lo que, mas dificultaba el pedaleo, y además, como condimento, el viento norte, de frente y muy caliente. Seguimos buscando una Estancia por temor a acampar en terreno privado, pero a las 8:15 PM el temor fue superado por el cansancio y el desgano que esto produce en el espíritu. A poco de armar el campamento descubrimos que nuestro espíritu seguía vivo y con muchas ganas de completar la travesía, lo que necesitaba era un poco de descanso, apreciar el hermoso paisaje que nos rodeaba, tremendo atardecer y poder afrontar el temor de la primera noche en la Península.

Elongamos un buen rato y luego el arroz que nos había quedado sin mezclar, fue servido con queso rallado y mayonesa. Nos hidratamos, nos limpiamos un poco (con toallitas para culitos de bebe), y dimos por terminado nuestro primer día de Travesía por Valdés.


Mas Fotos:
1º dia en la peninsula

No hay comentarios.: