
Hacemos un paréntesis para hablar de una persona especial. Sólo tuvimos el agrado de conocerlo por unas horas, pero sus acciones nos hablan de un ser humano de calidad.
Lo vimos ni bien llegamos a la Estancia La Elvira. Mientras estacionábamos las bicis notamos que en el edificio de la parrilla se armaba un lío bárbaro y varias personas nos miraban asombradas por la ventana. A los pocos minutos sale un paisano por la puerta de atrás de la parrilla, vestido con lo que parecía el uniforme del lugar. Nos recibió con una sonrisa y lleno de entusiasmo. Se acercó a nosotros sin presentarse todavía, y nos contó que también tenía una bici y le encantaba usarla por esos caminos. Y que vivía en Ramos Mejía (Gran Buenos Aires), donde trabajaba de encargado de un depósito y ganaba buena plata. Que había dejado ese trabajo por uno de menor plata en la estancia, pero que le permitía salir todas las tardes a andar en bici sin sentir que le iban a robar todo a la vuelta de la esquina. Que en la estancia trabajaba nueve meses sí y tres no, pero que le daban casa todo el año y que su novia era una de las guardafaunas del lugar.
Luego de esa emocionante charla, nos fuimos a realizar el recorrido por el sendero que baja hasta la playa desde donde se pueden ver los elefantes marinos y la boca de la caleta. Una vez terminado el recorrido, decidimos picotear algo en el restarurant, por lo que fuimos a buscar la plata. No hicimos mas que acercarnos a las bicis que Roberto salió corriendo de la parrilla para ofrecernos agua, le contamos que ibamos a salir despues de comer algo, mientras esperábamos que pasara el peor horario de la tarde (hacían unos 36º, soplaba viento cálido y eran las 13 Hs). Después de un almuerzo livianito, ensalada de fruta, ropa vieja, y cosas frescas, decidimos partir para aprovechar el viento a favor. Nuevamente, apenas nos acercamos a las bicis, Roberto salió disparado desde la parrilla hacia su casa. Cuando salió de la casa, llevaba en sus manos unas botellas de agua FRÍA y una bolsa con HIELO y otra con almendras, para los calambres nos dijo. Nuestra segunda visión de Roberto Funes nos llenó de alegría. Para ilustrar lo que sentimos en ese momento, vamos a recordar dónde estábamos: Caleta Valdes, a 80 kilómetros de Pirámides y a 180 kilómetros de Puerto Madryn. No hay tendido eléctrico en la Península: la heladera que enfrió ese agua anda con un grupo electrógeno. No hay agua potable en la Península: se trae todo en camiones cisterna desde Puerto Madryn. Y hacía 3 días que no probabamos agua fresca, el agua que llevabamos nosotros siempre estaba a temperatura ambiente (calentita!!!).
Luego de un fuerte abrazo, el intercambio de buenos deseos y una foto junto a este paisano de gran corazón, partimos para seguir nuetro recorrido y aprovechar el resto del día...
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